-Sí es, me cae que sí. Nomás basta con el sombrerote para darte cuenta-
-Nombre, cómo el sombrero- respondí entre risas ya pegándole a las carcajadas –la hebilla del cinturón, esa es la parte importante de ese guey.
Era día soleado de mediados de campaña y el asiento de la camioneta de giras del candidato quemaba las retaguardias en la espera de quienes acudimos a la Universidad Autónoma de Querétaro, campus San Juan del Río. Una espera que taladraba el estómago, porque eso sí, el talón de Aquiles de los reporteros, sobre todo los queretanos, es la barriga. Con seguridad siempre tienen hambre y esta no fue la excepción, tan solo un vasito de leche en mi mal lograda panza y ya mero dan las doce.
-¡Abeeeeel!!!! ¿Quién es ese que anda con Pepe?- Uno ya entrado en la confianza de a media campaña y respaldado en que así le gustó su nombre para los espectaculares tricolores pues ya se anima igualadamente a decirle al candidato: Pepe.
Afuera de la camioneta un par de típicas figuras mexicanas rodeando a Calzada: Botas vaqueras, pantalones de esos que dan la finta de que son entre formales y de mezclilla y que uno por más que quiera no adivina su naturaleza; camisa impecablemente blanca, sombrero y el bigote reglamentario evocando la tradición revolucionaria y no por el partido sino por el hecho histórico. Pero para mí, lo más importante: la hebilla.
La misma hebilla que había hecho doblar las rodillas según los relatos que cuentan los que no deben ser nombrados, a Apolinar Casillas a las afueras de un conocido bar.
Que según ellos, el panista cometió el serio error de llamarle “indio”, lo que me hace recordar aquella frase de los años mozos de ciencia ficción en Hollywood “eres un gallina Mc Fly”, frase que de igual forma, hacía que nuestro personaje pareciera mutar en un luchador nato. Lleno de orgullo y valentía. Incapaz de permitir un insulto, mucho menos un insulto facista, racista, malinchista, llegándole más bien a malacopa bocón de cantina. Es ahí donde la hebilla se torna el arma blanca legendaria, pues de acuerdo al relato que me contó un amigo al que se lo contaron, fue la encargada de tomar justicia, obligando a Casillas a salir del restaurante-bar para pedir perdón de rodillas ante un cinturón de cuero bien empuñado y amenazando con soltar un golpe certero, un “hebillazo” a media cadencia del arrepentido diputadete en aquellos ayeres.
Volviendo a mi pregunta, volteaba a ver a Abel Magaña que nomás se reía como confirmando solo con ese hecho que se trataba de Felipe Valdés, sin responderme formalmente nada.
Este Felipe Valdés, que vale la pena recordar como el “abre cabrón” o el “sálele o te sacamos eee de las pinchis orejas”, ¿por qué? Bueno porque a este señor no le bastó con la hebilla justiciera para quedar en la memoria colectiva reporteril, pues años después entro en plena sede priísta para amagar al dirigente en turno Jesús Rodriguez por desjuntarlo como candidato de la elección interna del partido en su municipio.
Ese otro día también estaba soleado y lo recuerdo bien porque fue de mis primeras veces en el radio. Uno escribiendo y lo que más –disculpe la expresión- lo que más cagaba, era cuando salía algo como a la una de la tarde, cuando más concentrado, estresado y nervioso se encuentra uno en la sacrosanta tarea de redacción.
Riiing… Riing (cómo si sonara así).
-¿Si?, redacción habla Lea Remis- el saludo protocolario. –ajá, ¿ahorita?... ¿Siguen ahí? Ok, gracias-
Y uno escuchando la mitad de la conversación y fingiendo inútilmente demencia ante lo inminente.
-Paquito-
-¿Qué pasó jefa?- tímido y amable propio del más novato en la redacción.
-Que Felipe Valdés se quiere madrear a Chucho en la sede del PRI- muy quitada de la pena -Lánzate para ver qué onda-
Como ya había ocurrido en otras ocasiones, todos pensamos en una falsa alarma o un pitazo magnificado en sus dimensiones.
-¿Si sabes dónde quedan las oficinas del PRI en Constituyentes?-
-Si jefa- conocimiento que me daba el poquito más de un año de experiencia en medios.
-¿Si sabes quién es Felipe Valdés?-
Chin. –No jefa-
-Ah, es un guey que un día quiso agarrarse a hebillazos a Apolinar Casillas, ¡ya córrele!
Luego de correr como unas cuatro cuadras lo primero que vi, daban razón de mi sospecha. Mucha gente haciendo grilla afuera de la oficina de Chucho Rodríguez pero nada salido de proporción.
-Fer, dime quién es Felipe Valdés porque no lo ubico- le pedí a mi profesor y corresponsal de reforma que ya estaba en la escena.
-No está, vino gritó y dijo que ahorita regresaba. Dicen que fue por más inconformes-.
-Ah Ok- y me dispuse a tomar asiento para la espera. Solo duré un par de minutos.
Cuando llegó Valdés, ni pregunté quién era. Pasó frente a nosotros como un rayo, se le veía lo encabronado en la cara, algo fuerte iba a pasar. Yo como buen alumno solo atiné a picar “rec” en mi grabadora y pasarme a empujones para seguirle el pasó.
¡Crashh! Retumbó cada uno de los golpes en la puerta de la oficina de Jesús Rodríguez, quien se había enclaustrado para evitar al enardecido militante.
-¡Oralee! ¡Orale cabrón sal, sálele o te sacamos ee de las pinches orejas!
-¡Espérate Felipe! Respondía la voz al otro lado de la puerta visiblemente desencajada.
-¡Noo qué espérate ni que tu chingada madre! ¡Ahorita te voy a sacar guey! ¡Y saca tus chingadas chivitas y sacate a chingar a tu madre, que Felipe Valdés te va a sacar!- yo solo pensaba con mis más arraigados sentimientos fútboleros que se debe tener más respeto cuando hable de las Chivas.
-¡Escucha bien que Felipe Valdés te va a sacar! Continuó ahora con patadas sobre la puerta.
-Vayan a la chingada y esos hijos de su puta madre que se regresen, yo no tengo su pinche quehacer-
Parecía cuento de nunca acabar cuando la cerradura cedió ante los embates del par de botas del sombrerudo personaje. Yo viré un momento para ver lo que me decía Fernando, quien me encargó su grabadora y cuando regresé mis ojos a la puerta, ya venía Chucho Rodríguez tomado del el cuello de la camisa por Valdés al estilo broncas de brabucones en las películas.
-Ahora sí cabrón, te voy a enseñar-
Para ese momento, los dos habían recorrido una parte del cuarto y habían quedado justo frente a mí, justo quiere decir a menos de un metro.
Zas, me pasó el primer derechazo a unos centímetros pero no conectó ya que Rodríguez evadió el golpe imitando el estilo del boxeador Mohammed Alí.
Tras otros hits no conectados lo sentó en una oficina de juntas donde se calmaron los ánimos.
A sabiendas de que tenía una joya para el noticiero salí corriendo del edificio y ya a un par de cuadras me topé con un compañero de la competencia que apenas venía en camino, ahí está adentro Chucho, le grité mientras corría.
Al llegar a la universidad ese mismo día por la tarde satisfactoriamente prendí el estéreo del coche y en efecto ahí estaba “El Informador” que en ese tiempo se transmitía a las 6, con la voz inconfundible del “anciano” como le decíamos sus colaboradores de cariño, en serio de cariño fuera del aire.
-Aquí le presento esta crónica que Panchito Hernández ha titulado como “intento de madriza”- comentó San Román.
-Sí es- Cómo no reconocerlo después de todo. -El que está saludando al Candidato del PRI es Felipe Valdés- me respondió Magaña.
Quién imaginaría que después de esos ayeres inmediatos, el PRI renacería de sus cenizas para tener un candidato fuerte ante una elección inminentemente blanquiazul. Quién imaginaría que Valdés permitiera una postal con el celular saludando a Pepe, el mismo personaje que habíamos hecho famoso en el medio por crear un “ring tone” con la grabación de aquél día en el Comité Estatal. En un día soleado de mediados de campaña, la historia empezaba a cambiar para el bando tricolor.
sábado, 17 de abril de 2010
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